¿Solo una recarga de gas? El error más habitual
Llega el calor a Valladolid, pones el aire y sale un chorro a temperatura ambiente. La primera idea es siempre la misma: «necesita una carga». A veces es así. Pero si el gas se ha ido, casi siempre es porque hay una fuga, y rellenar el circuito sin encontrarla y repararla es un parche que dura unos días o, con suerte, unas semanas.
Después, otra vez a cero.
El gas refrigerante no se gasta. Ni el antiguo R134a ni el más moderno R1234yf se consumen con el uso: si falta, es que se ha escapado por algún sitio. Por eso un servicio bien hecho no consiste en «meter gas» y listo. Primero hacemos vacío en el circuito para comprobar su estanqueidad y, si nos quedan dudas, introducimos un colorante detector junto con el gas, de modo que, si la fuga es pequeña, pasados unos días la localizamos con una lámpara ultravioleta.
Ignorar la fuga sale caro. Y el refrigerante que se escapa acaba en la atmósfera.
Lo que miramos primero en el taller
Un diagnóstico de climatización sigue un orden. Nada de desmontar a ciegas. Cuando entra un coche que no enfría, hacemos esto:
- Conectar los manómetros. Es el primer paso, y en un momento nos dice si el circuito tiene presión o está vacío. Sin presión, la fuga es evidente. Con presión baja, lo normal es que se trate de una fuga lenta.
- Inspección visual. Buscamos manchas de aceite. El refrigerante circula mezclado con un aceite específico que lubrica el compresor, y cuando hay una fuga el gas se evapora, pero el aceite deja un residuo verdoso o amarillento justo en la zona del escape. Empezamos siempre por el condensador y los manguitos; después, las juntas.
- Comprobación del compresor. Encendemos el aire y escuchamos. El compresor lleva un embrague electromagnético que debe acoplarse con un «clic» característico. Si no suena, el problema puede ser eléctrico (un fusible, un relé, el propio electroimán) o de presión: cuando el sistema no tiene la suficiente, un presostato impide que el compresor arranque para protegerlo.
- Verificar los electroventiladores. Al conectar el A/C, los ventiladores del radiador deben ponerse en marcha para enfriar el gas en el condensador. Si no giran, el sistema no puede disipar el calor. La presión sube hasta que un sensor lo corta por seguridad.
Solo después de estas comprobaciones hablamos de averías.
Las averías típicas del aire acondicionado (y no todas son el gas)
El circuito de climatización tiene varios puntos débiles. Con los años, esto es lo que más nos encontramos.
Fugas, la causa número uno
Lo que más vemos, con diferencia. Las fugas suelen aparecer en:
- El condensador: es el intercambiador que va justo delante del radiador del motor. Recibe todos los chinazos de la carretera, y cualquiera de ellos puede abrir un microporo por el que el gas se escapa poco a poco.
- Manguitos y tuberías: las vibraciones del motor y el paso del tiempo acaban agrietando las tuberías de goma y debilitan las conexiones metálicas.
- Juntas tóricas: son pequeñas anillas de goma que sellan las uniones. Con los años se resecan. Y dejan de sellar.
El compresor ha dicho basta
Es la pieza clave del sistema. También la avería más cara. A veces falla solo el embrague electromagnético, que en algunos modelos se puede sustituir por separado; otras veces el fallo es interno, un gripado, y toca cambiar la pieza entera y, además, limpiar a fondo todo el circuito para eliminar las virutas metálicas que haya podido soltar.
El filtro del habitáculo, el que nadie cambia
¿El aire enfría pero sale con muy poca fuerza? Antes de pensar en averías complejas, hay que mirar el filtro del habitáculo, también llamado filtro de polen. Si está muy sucio, bloquea el paso del aire y el caudal cae en picado. Es una pieza de mantenimiento barata.
Y casi todo el mundo se olvida de ella.
¿Cuánto puede costar la reparación?
Sin ver el coche no se puede dar una cifra. Depende sobre todo del modelo y de las horas de mano de obra que exija llegar a la pieza. Para que te hagas una idea de lo que pesa cada trabajo:
- Carga de gas con detector de fugas: la intervención más sencilla; el tipo de gas que use tu coche marca la diferencia.
- Reparar un manguito o una tubería: depende de lo accesible que esté y del recambio.
- Sustituir el condensador: una reparación frecuente.
- Sustituir el compresor: la avería más costosa, sobre todo en coches de gama alta.
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No lo dejes para junio
El mejor mantenimiento para el aire acondicionado es usarlo. Conéctalo unos minutos al menos una vez por semana, también en invierno, para que el gas y el aceite circulen y las juntas se mantengan lubricadas, porque una junta reseca es una causa habitual de fugas.
Y no esperes a la primera ola de calor. En mayo y junio los talleres vamos saturados de trabajo de climatización. ¿Notas que ya no enfría como antes? Revísalo en primavera.
Te ahorrarás esperas y sofocos.